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Catecumenado, iniciación cristiana de
adultos
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Kerix 9 - Equipo nacional de adultos - JNC
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Iniciación y catecumenado
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exposición en el ENADIR 2008 - Justino
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Catecumenado fuente inspiradora de la catequesis
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Esquema para el ENADIR 2008 - Justino
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Catequesis actual a la luz del catecumenado
antiguo
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exposición en el ENADIR 2008 - Justino
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Iniciación cristiana , hoy
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Exposición Diócesis Alto Valle -
2008 - Justino
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Misión continental en Argentina
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Carta pastoral CEA
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Aportes para las Orientaciones pastorales
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Encuentro de catequistas 2006
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Replantearnos la Iniciación cristiana en la
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Equipo diocesano de catequesis de adultos - 2008
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Llamados a ser catequistas de la iniciación
cristiana
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Encuentro de catequistas 2008 - síntesis
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Anunciar el Evangelio al adulto de hoy
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Walter Kuhry - taller encuentro diocesano de
catequistas- 2007
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Conclusiones de grupos
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Taller encuentro diocesano de catequistas 2007
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generales
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Conferencia internacional del catecumenado
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París, julio 2010 - documento preparatorio
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Documento de APARECIDA
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Versión final
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Ser y hacer del catequista en Aparecida
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Presentación de diapositivas
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Catequesis evangelizadora y pedagogía de
iniciación
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Comentario a la carta de los Obispos franceses
(2005)
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Nuevo paradigma catequético
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André Fossion
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Un nuevo planteamiento pastoral
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Alberich
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Urgencias en la pastoral de os que vuelven
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Alberich
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Nuevo rostro de comunidad desde un proceso adulto
de iniciación
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Análisis de una experiencia - Donaciano
Martínez Alvarez
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Opción por una catequesis iniciática
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Donaciano Martínez Alvarez
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El hoy de la catequesis - Ginel
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Jornadas de los catequetas españoles - 2006
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Qué está pasando en catequesis
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Alvaro Ginel, director de la revista CATEQUISTAS
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Evangelización y kerigma en la trasmisión
de la fe hoy
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José Luis Saborido Cursach SJ
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Iniciación y catequesis, exigencias
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Manuel del Campo (Secretariado de Catequesis de
España)
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Iniciación cristiana en la postmodernidad
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Consideraciones sobre la ruta catecumenal
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ISCA
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Aspecto comunitario y estilo catecumenal
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Extracto de documentos varios - ISCA
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Catecumenado e iniciación cristiana
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Borobio - historia y situación actual
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Catecumenado en el RICA y su situación hoy
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Borobio
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Catequesis en los Padres
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Danielou
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Formación de catequistas para adultos
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Hno Enrique García Ahumada
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Noción antropológica de discípulo
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Hno. Enrique García Ahumada - 2006
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Desarrollo histórico de la Iniciación
cristiana
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Luis Alves de Lima SDB
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Iniciación cristiana y catecumenado
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Exposición Justino asamblea de Alto Valle
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Itinerario para catecumenado de adultos
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Diócesis de Alcalá de Henares
(España)
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La modalidad del catecumenado en la formación
de catequistas
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Javaia (ISCA) diciembre 2006
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La iniciación cristiana
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Conferencia episcopal española 1998
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¿Es posible una exposición orgánica
de la fe?
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Autores varios
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Catequesis en el Código de Derecho canónico
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Catequesis en Medellín
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II Conferencia episcopado latinoamericano 1968
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ORIENTACIONES
BÁSICAS SOBRE CATEQUESIS DE ADULTOS - PROPUESTA
1. PRESENTACION 1.1
Por qué y para qué 1.2 Algunas razones
2.
EL INTERLOCUTOR DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS 2.1 Concepto de
adulto 2.2 Etapas en el desarrollo del adulto 2.3
Características del adulto 2.4 Contexto del adulto.
3.
LA CATEQUESIS DE ADULTOS DENTRO DEL PROCESO EVANGELIZADOR 3.1
El proceso Evangelizador 3.2 Las etapas del proceso
evangelizador 3.3 La prioridad de la catequesis 3.4 La
catequesis de adultos como forma principal de catequesis
4.
FINALIDAD Y TAREAS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS 4.1 Finalidad
de la catequesis de adultos 4.2 Tareas fundamentales de la
catequesis de adultos
5.
PEDAGOGIA Y METODOLOGIA DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS 5.1 La
pedagogía 5.2 La metodología
6.
ETAPAS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS 6.1 Catequesis
Kerigmática. 6.2 Catequesis de Iniciación 6.3
Integración a la comunidad 6.4 Formación para la
misión.
7. EL
CATEQUISTA DE ADULTOS 7.1 Su necesidad e importancia. 7.2
Su misión: educador básico integral. 7.3 Su lugar:
al servicio de un único ministerio. 7.4 Su formación.
1.
PRESENTACION
1.1. Por qué y para qué
No hay duda de que el Siglo XX que estamos por
concluir ha sido un siglo, de mucha. conciencia y creatividad en la
vida de la Iglesia, especialmente en la catequesis; El Vaticano II es
sin duda el acontecimiento más importante, recoge los dones
que el Espiritu ya había promovido. Al fin del Siglo la
publicación del Catecismo de la Iglesia, Católica
(1992) y el Directorio. General para la Catequesis (1997) vienen a
cristalizar gran parte de lo vivido en catequesis convirtiéndose
así en puntos de referencia obligados.
Junto a las grandes intuiciones, orientaciones y
acciones, ha habido sin duda espacios importantes que no han sido
llenados, uno de ellos es la catequesis de adultos. La renovación
la catequesis de adultos es relativamente reciente.
La catequesis, es necesario reconocerlo,
generalmente se ha centrado en la etapa de la niñez en donde
se ha concentrado la organización, los agentes, los
recursos... etc. ¿Resultados? Un alto porcentaje de adultos no
suficientemente evangelizados, poco practicantes y hasta alejados.
Esto nos habla de la debilidad y hasta de un vacío del kerigma
en nuestros programas de catequesis y aún, dentro de la niñez,
la catequesis se ha centrado en el sacramento de la Eucaristía,
en la Primera Comunión.
Es necesario devolverle a la catequesis su sentido
más original. Hemos de dar un viraje fundamental para que la
catequesis de adultos "sea considerada como la forma principal
de la catequesis, a la que todas las demás, ciertamente
necesarias, de alguna forma se ordenan. Esto implica que la
catequesis de otras edades debe de tenerla como punto de referencia y
articularse con ella en un proyecto catequético coherente de
pastoral diocesana" (DGC 59; Cfr CT 43). Podríamos
sintetizar las razones para promover este viraje de la siguiente
manera.
1.2. Algunas razones
Razón histórica. En la más
genuina tradición cristiana la catequesis propiamente dicha ha
sido la de adultos; recordemos el catecumenado bautismal de los
primeros siglos que se convirtió en el modelo de la
catequesis.
La identidad cristiana. En un mundo secularizado
como el de hoy la meta final de todo proceso catequístico debe
ser sin duda forjar la identidad cristiana. Asistimos a un mayor
pluralismo religioso, a un relativismo ético moral y a un
sincretismo religioso de post modernidad. Hoy se requieren cristianos
alegremente confesores de la fe recibida. Se necesita una catequesis
no sólo para adultos, sino una catequesis adulta.
La edad de las opciones fundamentales. Es cierto que
toda etapa de la vida es importante y crucial, pero son los adultos
los que tienen la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su
forma plenamente desarrollada" (CT 43). El Concilio Vaticano II
abunda en esta misma razón; cada uno debe prepararse
diligentemente para el apostolado, obligación que es más
urgente en la edad adulta porque, con el paso de los años, el
alma se abre mejor, y así puede uno descubrir con mayor
exactitud los talentos con los que Dios lo ha enriquecido... (Cfr AA
30).
La conversión al evangelio de Jesucristo
tiene más posibilidad de profundizar y de arraigar en las
personas que se enfrentan a situaciones decisivas. El adulto, como
persona que ha realizado en su vida abundantes proyectos, alcanzados
unos y otros no logrados, es quien mejor puede aceptar libremente y
comprender el carácter salvífico de la fe cristiana.
Las personas adultas llevan la conducción de
la familia y de la sociedad, sus responsabilidades y decisiones están
sujetas a cambios y crisis profesionales. La catequesis, con la
palabra de Dios, vendrá a ser la que de sentido, unidad y
esperanza a la vida personal, familiar y social. (Cfr DGC 173). En
esta edad es cuando la persona es más capaz de adherirse
personalmente a Cristo y, al mismo tiempo, puede ser transmisora de
la fe; las demás edades volverán su mirada a esta etapa
para comparar su pensar y obrar; las nuevas generaciones irán
creciendo con la imagen que los adultos les ofrezcan. Son los adultos
los constructores de la sociedad.
La realidad demográfica. El aumento numérico
de los adultos en nuestro país es un hecho innegable e
irreversible; los adelantos de la medicina permiten una existencia
humana más prolongada, en México mucha gente supera los
ochenta años de vida; los matrimonios mexicanos actualmente
tienen solo dos o tres hijos. Esta realidad tendremos que tomarla en
cuenta para potenciar la catequesis de adultos en nuestro país;
además, por ser los adultos en la familia los primeros
educadores de sus hijos, podrían desempeñar mejor dicho
compromiso tan olvidado en las últimas décadas.
Teniendo en cuenta esta situación optamos: -
Por una propuesta de catequesis de adultos que integre a la persona
en su ser, que organice su personalidad alrededor de la fe cristiana
asumiendo todas sus dimensiones. - Por una catequesis de adultos
en íntima relación con la comunidad; la comunidad es
origen, lugar y meta de la catequesis. -? Por una catequesis que
asuma la religiosidad popular en toda su riqueza, como acción
evangelizadora. - Por una catequesis que tome en cuenta la demanda
que hace el pueblo de Dios de servicios religiosos, principalmente la
petición de los sacramentos.
2. EL INTERLOCUTOR DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS
2.1. Concepto de adulto
¿Quién es el adulto?. Nos encontramos
con un concepto muy condicionado por los diversos contextos
socioculturales, espaciales y temporales. De ahí la dificultad
de dar una definición de adulto que pueda aplicarse
universalmente a todos; pero si podemos valemos de los aportes de las
ciencias psicológicas, sociales, pedagógicas, así
como de un contexto sociocultural y religioso.
Ante este conjunto de factores y la gran variedad de
llamarse y ser hoy adulto, se presenta la necesidad de tener un punto
indispensable de referencia para respetar al destinatario adulto y
proyectar bien toda la atención pastoral a él dirigida
(Cfr COINCAT 1998, 31).
Adulto procede del verbo latino adolescere, que
significa crecer, del cual también procede la palabra
adolescente, derivada del participio presente de dicho verbo
adolescens y significa el que está creciendo o
desarrollándose, mientras que adulto se deriva del participio
pasado achiltum y, por tanto, significa el crecido, el que ha
terminado de crecer o de desarrollarse.
El significado etimológico coincide con la
acepción vulgar, ya que se denomina adulto al individuo
situado entre la adolescencia y la vejez; es decir, al que ha dejado
de crecer y no ha comenzado aún a decrecer.
Adulto es la persona en pleno desarrollo histórico,
la cual, siendo heredera de su infancia, habiendo salido de la
adolescencia y en camino hacia la vejez, continúa el proceso
de individualización de su ser y de construcción de su
personalidad, capaz de juzgar por sí mismo de lo que tiene que
hacer y de tomar una postura responsable a ese respecto.
2.2. Etapas en el desarrollo del adulto
En el transcurso de cada etapa, la identidad de una
persona se realiza enfrentando dos polos antagónicos; estos
polos no constituyen alternativas, por el contrario, se trata de
establecer un equilibrio y una tensión dinámica entre
ellos, de colocarlos en una balanza más que de rechazar uno u
otro. El modo de llevar adelante este equilibrio dinámico es
único para cada persona, el tipo particular de equilibrio o
desequilibrio, establecido por cada uno, determinará siempre
su desarrollo futuro; a su vez, esta nueva capacidad proporciona las
bases para la etapa futura. En cada etapa un problema concreto se
convierte en fundamental y representa un desafió, que muchas
veces es vivido como una crisis, pero representa una oportunidad de
desarrollo importante en la vida.
El Joven adulto: entre intimidad y aislamiento. Esta
etapa comprende tres momentos particulares.
- La transición de los veinte años. Es
un importante momento de paso; un tiempo para crear el ideal de vida
y forjar la esperanza en una edad adulta plenamente lograda. He aquí
algunos elementos característicos de esta fase: exploración
de las relaciones más intimas, búsqueda de uno o varios
maestros (consejeros) que estimulen y den fundamentos a este sueño,
incitando al sujeto a caminar hacia un ideal y a abrirse a las
relaciones sociales. Hay importantes tareas que realizar: alcanzar la
independencia con respecto a los padres, tener responsabilidad y
autonomía, crearse una identidad propia, fijarse unos
objetivos a conseguir para realizar el propio sueño o proyecto
de vida.
- El periodo de los veinte años. Ahora es
necesario encontrar el equilibrio entre la búsqueda de
intimidad, sobre todo a través de la relación amorosa
con una persona que comparta la vida, y la tendencia al aislamiento.
El ideal de vida comporta todavía ilusiones; se le considera
como el único camino verdadero que tiene que comenzar a
realizarse a través del trabajo y del amor, sin embargo,
todavía se está poco seguro en el propio papel del
hombre o mujer adultos. El tiempo presente es mejor que el pasado, el
futuro aparece como positivo; las relaciones sociales se limitan con
frecuencia a un círculo restringido de personas, se desearía
adquirir compromisos en todos los campos, pero es necesario tener
presentes con realismo las obligaciones familiares que pueden llegar
a ser origen de stress.
- El periodo de los treinta años. Se abre
ahora un periodo de interrogantes fuertemente centrados sobre uno
mismo; el ideal de vida pide un replanteamiento en función de
la realidad; el tiempo va siendo percibido como algo más
permanente; hay un interés por los aspectos de la personalidad
que estaban inhibidos hasta ahora, se revaloriza la carrera y se
establece nuevas metas; se asumen nuevas responsabilidades, se acepta
la propia identidad de padres, el interés ya no se concentra
en la pareja, sino en los hijos. Los adultos van dando sus primeros
pasos hacia la interdependencia, tomando conciencia de la doble
necesidad de dependencia y de autonomía.
La madurez: entre fecundidad y estancamiento.
A medida que se avanza en la vida, con la edad
aumentan también las responsabilidades; las mayores tareas y
retos de esta etapa son los de la fecundidad. Se trata de la
capacidad de estar en relación vital con los demás más
allá del circulo reducido de la propia familia y de los
amigos, las personas se sienten responsables de la generación
futura y del mundo en el que tendrán que vivir. Este hecho
implica el cuidado activo por el bien de los otros y el compromiso
por mejorar el mundo en que viven. Los que fracasan en esto caen en
un estado de auto absorción en el cual las necesidades y el
confort personal ocupan el primer lugar.
Esta responsabilidad explica que surjan, quizá
por primera vez en la vida, las grandes cuestiones de interés
religioso; las comunidades cristianas pueden ofrecer un ambiente
favorable para estabilizar esta transición; ellas proponen
también una visión del mundo y opciones éticas
que pueden ser transmitidas a las generaciones futuras.
La virtud propia de esta etapa es el cuidado y la
solicitud por todo aquello que se ha dado a luz en el transcurso de
la vida.
2.3. Características del adulto
La personalidad de cada individuo tiene
características diferentes a las de otros sujetos debido a
toda la historia personal, social y cultural de cada uno; por eso se
dice que el desarrollo de cada ser humano es diferenciado, no en
razón de sus características físicas y su
equipaje biológico, sino debido al sistema de relaciones
económicas, sociales y culturales en que se mueve.
Podemos hablar de algunos rasgos principales de la
personalidad adulta madura: - Poseer una amplia extensión
del sentido de si mismo. - Capacidad de establecer relaciones
emocionales con personas de la esfera íntima y no íntima. -
Seguridad emocional y aceptación de si mismo. - Percibir,
pensar y actuar con penetración y de acuerdo con la realidad
exterior. - Ser capaz de verse objetivamente a si mismo y poseer
sentido del humor. - Vivir en armonía con una filosofía
de la vida.
2.4. Contexto del adulto
En la catequesis de adultos, además de asumir
los rasgos psicológicos del interlocutor, necesita partir de
su realidad sociocultural y religiosa y tenerla muy presente a lo
largo de todo el proceso de educación en la fe.
Contexto socio cultural
Algunas de las situaciones que caracterizan. el
contexto en que se desenvuelve el adulto de hoy son: - La
globalización de la cultura derivada de la introducción
de la tecnología en las comunicaciones. - La complejidad
organizativa cada vez mayor en las sociedades desarrolladas. - La
aparición de una sociedad fundada en la información y
el conocimiento. - El acelerado avance de la ciencia y
tecnología. - La mundialización de los sistemas
económicos. - La crisis ecológica que se acentúa
cada vez más. - Las desigualdades y fricciones entre grupos
sociales, basadas en distintos factores tales como la cultura, la
identidad, la función de los géneros, la religión
y el status económico. - La crisis de los valores. - La
cultura de la muerte que, de día a día, se va
generalizando - La movilidad de la población. - El
desplazamiento de los limites de los ciclos de la vida humana. -
El llamado a la sociedad civil para que contribuya en la solución
de los problemas mundiales y la creciente influencia de las
organizaciones no gubernamentales. - El cambio cada vez mayor de
las destrezas necesarias para el otorgamiento y mantenimiento del
empleo. - Los cambios relevantes en cuanto a la distribución
del trabajo y el desempleo. - La sobreestimación
cultural. - Los cambios acelerados que alteran la validez de los
conocimientos y habilidades - El surgimiento cada vez mayor de
necesidades y demandas de aprendizaje de las personas adultas. -
La necesidad de un aprendizaje dialógico en que cada
participante aporta su propia cultura.
Contexto religioso
"Existe una falta generalizada de formación
integral en la vida de fe, que ha llevado a asociar la vida cristiana
con el cumplimiento de ciertos ritos, en particular con la asistencia
a la misa dominical; a aceptar formas laicistas que identifican
inconscientemente lo religioso con el culto privado, y en la
dificultad creciente de comprender la dimensión social de la
fe. Así, el divorcio entre la fe y la vida, se ha agravado,
dando origen a una difícil situación que va desde la
incapacidad de comprender y responder a la luz de la fe a las
diversas realidades y propuestas que surgen en la sociedad
contemporánea, hasta el abandono de la misma fe, incluso por
el deseo de encontrar solución a problemas espirituales y
morales diversos" (CEM, Del Encuentro con Jesucristo a la
solidaridad con todos 2000, 109 a). Juntamente con estas limitaciones
podemos apreciar a un pueblo fuertemente religioso, con una fe vivida
fuertemente al interior de la religiosidad popular.
3. LA CATEQUESIS DE ADULTOS DENTRO DEL PROCESO
EVANGELIZADOR
3.1. El proceso Evangelizador
A partir de Evangelá Nuntiandi la
Evangelización ha sido considerada en un sentido amplio como
realidad rica, compleja y dinámica. "La evangelización
es un proceso complejo con elementos variados: renovación de
la humanidad, testimonio, anuncio explicito, adhesión del
corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos,
iniciación al apostolado..." (EN 24). La Evangelización
así abarca el conjunto de acciones que la Iglesia realiza para
anunciar y hacer realidad el Reino de Dios. Se trata de un proceso
con todos estos elementos que deben ser considerados como
complementarios y que se enriquecen mutuamente.
3.2. Las etapas del proceso evangelizador
El proceso evangelizador está estructurado en
etapas o momentos que podemos enumerar como acción misionera,
acción catequética y acción pastoral.
La acción misionera
La acción misionera está dirigida a
los no creyentes y a los que viven en la indiferencia religiosa. Es
el punto de arranque de la evangelización; es la actividad por
la que los cristianos, mediante el testimonio de su vida y el anuncio
explícito hacen presente el evangelio y lo dan a conocer a
todos los hombres y mujeres.
Este anuncio explícito puede dividirse a su
vez en dos momentos significativos: l) - el primer anuncio o kerigma
que trata de suscitar el interrogante o la simpatía por la fe
cristiana y tiene como núcleo central del mensaje a
"Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado que
ofrece la salvación a todos los hombres como don de la gracia
y de la misericordia de Dios" (EN 27). 2) la pre-catequesis: que
trata de lograr con la ayuda de la gracia la fe y la conversión
iniciales.
La acción catequética
Esta acción está dirigida a los que
han optado por el evangelio y para quienes necesitan completar o
reestructurar su iniciación. "Gracias a la catequesis, el
kerigma evangélico, primer anuncio lieno de ardor que un día
trasformó al hombre y lo llevó a la decisión de
entregarse a Jesucristo por la fe, se profundiza poco a poco y se
desarrolla en sus corolarios implícitos" (CT 25).
El momento catequético es una etapa de la
evangelización que trata de conducir a la adultez en la fe a
quienes han optado por el evangelio o se encuentran deficientemente
iniciados en la vida cristiana (Cfr CT 18). Va dirigida a los
necesitados de un proceso iniciatorio y a llenar lagunas en su
iniciación.
Pensando en los adultos podríamos decir que
la catequesis va dirigida a los que, mostrando interés por el
evangelio carecen de una experiencia de encuentro gozoso con
Jesucristo, les falta una síntesis orgánica y
significativa del contenido de la fe, no tienen un suficiente
conocimiento y manejo de la palabra de Dios, carecen de un nivel
adecuado de experiencia comunitaria, del deseo de dar a conocer su fe
y de un empeño en trasformar cristianamente su entorno vital.
La acción pastoral
Comporta todas aquellas iniciativas y acciones que
una comunidad realiza con los fieles cristianos ya maduros en el seno
de la comunidad (Cfr AG 6f, RM 33 y 48), se encamina a seguir
educando en la fe a los catequizados para la vida y misión de
la Iglesia.
3.3. La prioridad de la catequesis
Cuando decimos que la acción catequética
es prioritaria, no queremos decir que la catequesis tenga una
preeminencia en el proceso con menoscabo de otros elementos, pues los
elementos de la evangelización son todos importantes, pero si
no se tiene esa educación en la fe la acción misionera
quedaría a la mitad y no habría conciencia de proseguir
la misión.
Se necesita entonces un trabajo serio de educación
de adultos (Cfr ChL 57) para que la totalidad de la acción
evangelizadora funcione bien. Su papel es entonces de fundamentación,
pues encontrarán en ella una consolidación de su vida
interna como comunidad de creyentes y de su actividad externa como
misión. De hecho la catequesis, junto a su función de
iniciación, frecuentemente tiene que asumir tareas de misión
(Cfr DGC 52); frecuentemente acuden personas a la comunidad a pedir
un servicio careciendo aún del kerigma.
3.4. La catequesis de adultos como forma
principal de catequesis
La catequesis de adultos al ir dirigida a personas
capaces de una adhesión plenamente responsable debe ser
considerada como la forma principal de catequesis a la que todas las
demás formas de catequesis de alguna manera se ordenan (Cfr
DGC 7971-2; CT 43, DGC 59). Esto implica que la catequesis de otras
edades, aunque tienen su propia importancia, debe referirse y
articularse con ella en un proyecto catequético coherente de
pastoral en la comunidad local, es decir, que los procesos
catequéticos de la Iglesia no deben realizarse por separado,
sino de forma unitaria y coherente. La catequesis de adultos debe ser
el principio organizador que da coherencia a los distintos procesos
de catequesis; ella debe ser la meta que inspire la catequesis de las
primeras edades así como la de la tercera edad.
4. FINALIDAD Y TAREAS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS
4.1. Finalidad de la catequesis de adultos
El fin de toda catequesis es poner a la persona en
contacto, en comunión, en intimidad con Jesucristo (Cfr CT 5,
DGC 80-83); se propone fundamentar y hacer madurar la primera
adhesión a Jesucristo. Esta finalidad se expresa en la
profesión de fe en el único Dios: Padre, Hijo y
Espiritu Santo.
La catequesis, teniendo como modelo referencial el
catecumenado tiene una dimensión fuertemente bautismal,, su
meta no es otra que la confesión adulta de una fe depositada
germinalmente en el bautismo y asumir personalmente la condición
de bautizados. Esta confesión de fe es la manifestación
de la entrega a Dios, es decir, no solamente es creer que Dios
existe, sino creer que Dios nos revela algo, es la distinción
entre credere Deum y credere Deo que San Agustín explica muy
bien. El credo apostólico nos relaciona con un Dios
comunicativo que actúa a favor de los hombres y mujeres; la
confesión de la fe descansa toda ella en la primera palabra
que el cristiano pronuncia: CREO EN, palabra que se repite tres veces
y se refiere sólo a las personas divinas: Padre, Hijo y
Espiritu Santo. Esta confesión de fe en Dios es la
proclamación de querer liberarnos de cualquier ídolo
que nos esclavice (CEC 2113), es entonces un canto a la libertad.
En la confesión de fe en el Dios uno y Trino
los cristianos proclamamos que nuestra existencia humana no es fruto
de la casualidad sino fruto de un designio amoroso; manifestamos así
que el fondo de nuestro ser es comunión y participación,
sabiéndonos amados por el Dios tres veces santo y capaces de
amar a los demás. Hay entonces una dimensión doxológica
y otra martirial.
La confesión de fe también tiene un
sentido eclesial; aunque el cristiano recite en singular el credo
durante toda su vida, incluso en la asamblea litúrgica, pues
ninguna acción es tan personal como ésta, sin embargo,
nuestro credo no es una profesión de aislados sino la
profesión del pueblo de Dios que es la Iglesia; el credo y el
creemos se implican mutuamente. El cristiano recita el credo en la
Iglesia y a través de ella; la fe cristiana es participación
de la fe común de la Iglesia (Cfr El credo del pueblo de Dios
de Paulo VI; DGC 83; CEC 166-167).
Jesucristo nos dice: 'Ä todo et que me
confesare delante de los hombres, yo también lo confesaré
delante de mi Padre" (Mt 10,32-33). Tertuliano dirá: “la
persecución es el elemento indispensable de toda confesión
… La persecución se consuma con la confesión".
4.2. Tareas fundamentales de la catequesis
de adultos
Hablemos ahora de las tareas de la catequesis. La
catequesis debe inspirase en la manera como Jesús formaba a
sus discípulos, Jesús realiza una enseñanza
especial con sus discípulos (Mc 4, 10), los enseña a
orar (Lc 11, 1), los acompaña, los estimula a imitar sus
actitudes (Mt 11,29) y los envía a evangelizar (Lc 10,1; Mc
16,14).
El ritual de iniciación cristiana de adultos
(RICA) en el número 19 afirma que la formación
catecumenal se obtiene por cuatro caminos:
La iniciación orgánica en el
conocimiento del misterio de la salvación. La adhesión
de la fe reclama el conocimiento de la fe; la catequesis entonces
debe ofrecer una síntesis orgánica y significativa del
mensaje cristiano (Escritura y Tradición); de ahí la
importancia del símbolo de la fe en la catequesis que es a un
tiempo resumen de la Sagrada Escritura y expresión de fe en la
Iglesia.
Capacitación básica para orar y
celebrar en la liturgia. La fe sólo es verdadera cuando se
proclama, se celebra, se confiesa y se hace oración. La
catequesis ayuda para que exista la Palabra, la Memoria y el
Testimonio (Cfr MPD) 7), es muy importante entonces la vinculación
a Jesucristo a través de la oración y la liturgia; será
necesario aprender a orar como Jesús, al iniciar al
catequizando en la oración individual y comunitaria, educar en
las actitudes básicas de toda celebración, privilegiar
las celebraciones litúrgicas.
El entrenamiento en las actitudes evangélicas.
La catequesis debe de entrenar en las actitudes básicas
propias del maestro (Cfr CT 29, AG 13). Se trata de una iniciación
a la moral individual y social desde el sermón del monte.
La iniciación en la acción apostólica
misionera. Se trata de formar para asumir responsabilidades en la
misión de la Iglesia y para saber dar testimonio en la
sociedad (DGC 175). La acción apostólica es fruto de
una vivencia de fe; primero tenemos que ser discípulos de
Jesucristo, ser oyentes de la Palabra; no es solamente educar para la
acción de evangelizar sino educar en las actitudes en que debe
evangelizarse. El discurso de Jesús sobre la misión es
referencia obligada. (Mt 5, 42; Lc 10, 1 20).
5. PEDAGOGIA Y METODOLOGIA DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS
5.1. La pedagogía
Hablar de la pedagogía de la catequesis de
adultos desde la pedagogía de Jesús, es una invitación
permanente a participar en el Reino y a vivir la plena dignidad de
los hijos de Dios en relaciones de fraternidad, de acogida y como
lugar de participación de todos. De ahí que podemos
hablar de los rasgos de esta pedagogía.
Pedagogía experiencial. El Dios que salva y
libera no está ausente de las situaciones que viven porque
Dios es Señor del mundo y, desde allí, llama al cambio
y a la conversión.
pedagogía transformadora. No aparta a la
persona de la realidad sino que la lleva a buscar caminos para actuar
en ella y trasformarla.
pedagogía comunitaria. La transformación
personal y social requiere una experiencia comunitaria como lugar
donde se pueden gestar experiencias nuevas de relación, de
encuentro y de fraternidad.
pedagogía testimonial. El anuncio es un
mensaje que se acoge por la coherencia que existe entre el contenido
que se anuncia y el modo de anunciarlo, entre lo que se ha visto y lo
que se ha oído.
pedagogía participativa. Genera en el
interlocutor una capacidad reflexiva y curativa, estimula el
intercambio, promueve el uso de la palabra y las acciones de
conjunto.
pedagogía personalizante. Asume al
interlocutor en su condición de persona y procura su
crecimiento como persona y como cristiano.
.Pedagogía integral. Tiene en cuenta a la
persona en todas sus dimensiones, su experiencia, los tiempos y las
etapas de maduración que necesita todo ser en crecimiento.
5.2 La metodología
La Guía Pastoral para la Catequesis en
México, hablando de los métodos en los números
135 al 139 nos dice " todos los métodos catequísticos
se componen de tres elementos principales que la catequesis nunca
pierde de vista: ? ? Un punto de partida que se centra en la
experiencia de fe del catequista, en el conocimiento de la realidad y
en los medios que se usan. ? ? Su proceso que consiste en los
pasos para llegar a lo que se quiere alcanzar. ? ? Su punto de
llegada que no puede ser otro que la formación integral de los
creyentes".
6.
ETAPAS DE LA CATEQUESIS DE ADULTOS
Las etapas de la catequesis de adultos nos hablan de
una gradualidad inspirada en la misma tradición cristiana y en
la naturaleza misma de la catequesis que acompaña el proceso,
de conversión de la persona. La conversión es
permanente, no se da de una vez para siempre y de forma definitiva
(Cfr DGC 89).
Una catequesis bien llevada tiene siempre como
punto, de referencia el proceso catecumenal; aunque en general entre
nosotros la catequesis no esté dirigida a catecúmenos
que no han escuchado el evangelio y no han sido, introducidos dentro,
de la Iglesia sino que nos dirigimos a quienes ya están dentro
de la Iglesia por el bautismo, por lo tanto, su conversión se
fundamenta en el bautismo ya recibido cuya virtualidad debe
desarrollarse después (RICA 295;CT 44).
Esta gradualidad en la época de los Santos
Padres de la Iglesia se desarrollaba mediante la formación
catecumenal: catequesis bíblica como primera etapa, luego la
doctrinal y finalmente la mistagógica. Actualmente la Iglesia,
hablando de los catecúmenos, en el Ritual de Iniciación
Cristiana de adultos describe un proceso gradual dividido en tiempos
y grados que se pueden adaptar a los que no han completado los
sacramentos de iniciación o a aquellos que habiendo recibido
todos los sacramentos requieren de seguir un proceso fundamental y
orgánico de reinicio y profundización de la fe. De ahí
que hablemos de etapas.
6.1. Catequesis kerigmática
Meta. Desarrollar la primera evangelización
en orden a la conversión inicial y explicitar el kerigma en
orden a la conversión y adhesión a Jesucristo,
Descripción. Es el punto de partida de todo
el proceso de formación cristiana; incluye la primera
evangelización y la explicitación del kerigma, del
primer anuncio; a veces se le llama pre-catequesis o catequesis
kerigmática dirigida a los no creyentes y a los que viven en
la indiferencia religiosa (Cfr DGC 62). El mismo nombre nos está
indicando que no es propiamente catequesis en sentido estricto, pues
ésta promueve y hace madurar la conversión inicial
educando en la fe al convertido e incorporándolo a la
comunidad cristiana. Se plantea aquí la relación entre
primer anuncio y catequesis como de distinción y
complementariedad (DGC 61); aunque también es cierto que en la
práctica pastoral las fronteras entre ambas no es posible
delimitarlas. Existen algunas experiencias donde se muestra. la
necesidad de dividir esta etapa en dos momentos: l) - recepción
de las personas como simpatizantes que todavía no es
manifestación de su fe pero, si de su recta intención,
se habla entonces de una preparación de la razón; 2) -
el tiempo del pre-catecumenado se dedica íntegramente a la
evangelización para que madure el deseo sincero de optar por
Cristo. . El anuncio del evangelio se hará siempre en
conexión con la naturaleza humana y sus Se trata de las
experiencias de mayor importancia tanto personales como sociales.
El núcleo central será siempre “Cristo
que anuncia la salvación, ese gran Don de Dios que es
liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre
todo la liberación del pecado y del maligno, dentro de la
alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo,
de entregarse a El” (DGC 10 1, EN 9).
La catequesis explicitará en sus aspectos más
fundamentales el kerigma evangélico de Jesús.
- - Jesús anuncia que Dios es Padre, que está
en medio de sus criaturas actuando con su amor y poder (Cfr EN 9). -
- Jesús indica que el reinado de Dios es un don de salvación
íntegra: libera del pecado e introduce en la comunión
con Dios (Cfr LC 52). - - Jesús anuncia la justicia de
Dios: proclama el juicio divino y nuestra responsabilidad. está
al servicio del Reino (Cfr RM 20), - - Jesús manifiesta que
la evangelización incluye la dimensión de un más
allá hacia donde se encamina el hombre ya desde aquí.
Signos. En esta etapa se sugiere algún rito
de admisión (Cfr RICA 9-13).
6.2 Catequesis de iniciación
Meta. Iniciar básicamente en la vida de fe,
en la vida litúrgica y de la caridad del pueblo de Dios a los
que, movidos por la gracia, deciden seguir a Jesucristo a quien han
dado ya su adhesión.
Descripción. Es la etapa de la catequesis
propiamente dicha. “El momento de la catequesis es el que
corresponde al periodo en que se estructura la conversión a
Jesucristo dando una fundamentación a esa primera adhesión.
Así la catequesis al realizar de diferentes formas el
ministerio de la Palabra "pone los cimientos del edificio de la
fe" (DGC 63-64). El crecimiento interior de la Iglesia, en
correspondencia con el designio divino, depende esencialmente de
ella; por eso la catequesis es momento prioritario en la
evangelización (Cfr CT 13,15), La catequesis de iniciación
es un eslabón necesario en la acción misionera y llama
a la fe y a la acción pastoral que alimenta constantemente a
la comunidad cristiana, pone las bases de la vida cristiana en los
seguidores de Jesús (Cfr DGC 5 1).
Esta iniciación a la vida cristiana tiene
mucha relación con los sacramentos de iniciación
cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
Los contenidos serán orientados a una
"formación orgánica y sistemática de la fe"
(CT22); es más que una enseñanza, es un aprendizaje de
toda la vida cristiana, una iniciación integral, es una
formación básica esencial centrada en lo nuclear de la
experiencia cristiana, en las certezas básicas de la fe y en
los valores evangélicos fundamentales, en lo que nos es común
sin entrar en cuestiones disputadas (Cfr CT 21b).
Signos. Se sugiere en esta etapa realizar la entrega
de los Evangelios (RICA 93; MPD 8c).
6.3 Integración a la comunidad
Meta. Lograr que los catequizados se integren en la
comunidad cristiana y vivan en comunión y participación.
Descripción. El punto de llegada de este
largo camino no es otro que la inserción en la comunidad local
y, a través de ella, en la Iglesia Universal. Una comunidad
que sea fiel a las funciones sacerdotal, profética y real, es
decir, que sea partícipe de los sacramentos, que se nutra de
la Palabra de Dios, que de testimonio de fe y caridad y muestre el
Espiritu apostólico.
Se trata de una comunidad que vive en medio del
mundo y debe animar desde dentro las realidades temporales y
ordenarlas de tal forma que se hagan continuamente según
Cristo.
La comunidad cristiana es origen, lugar y meta de la
catequesis. Así la catequesis como momento en el proceso de
Evangelización es un vivir en la comunidad fraterna de
discípulos. “La catequesis es por tanto, una acción
educativa realizada a partir de la responsabilidad peculiar rica en
relaciones, para que los catecúmenos y catequizados se
incorporen activamente a la vida de dicha comunidad" (DGC 220);
comunidad donde puedan vivir con mayor plenitud posible lo que han
aprendido.
“La acción evangelizadora de la
Iglesia, y en ella la catequesis, debe buscar más
decididamente una sólida cohesión eclesial. Para ello
es urgente promover y ahondar una auténtica eclesiología
de comunión, a fin de generar en los cristianos una sólida
espiritualidad eclesial" (DGC28).
Signos. Se sugieren las entregas del símbolo
de la fe como recuerdo gozoso de las maravillas obradas por Dios para
la salvación de los hombres y como fuente de alegría;
el Padre Nuestro para conocer más profundamente el nuevo
Espiritu de hijos.
6.4 Formación para la misión
Meta. Formar a los discípulos de Jesucristo
que han seguido un proceso de Evangelización para ser
apóstoles de la Buena Nueva que han recibido.
Descripción. La Iglesia existe para
evangelizar (Cfr EN 14), esto es, para llevar la Buena Nueva a todos
los ambientes de la humanidad y con su influjo transformar desde
dentro, renovar la misma humanidad (Cfr EN 18).
El Encuentro con Cristo lleva a una profunda
transformación de quienes no se cierran a El. El primer
impulso que surge de esta transformación es comunicar a los
demás la riqueza adquirida en la experiencia de ese encuentro;
no se trata sólo de enseñar lo que hemos conocido sino
también, como la mujer Samaritana, hacer que los demás
encuentren personalmente a Jesucristo “Vengan a ver" (Jn
4, 29) (Cfr ElA 68).
El proceso de una catequesis bien llevada no vuelve
al creyente sobre sí mismo, sino que lo abre al mundo; el
discípulo convertido en testigo del Dios vivo ahora será
enviado no en nombre propio sino en nombre de la comunidad. Para ser
misionero se requiere de una capacitación lo más
completa posible, conocer también el mundo donde va a caer la
semilla, el tiempo adecuado de la siembra.
Signo. Reconociendo la tradición de la
entrega de la Cruz, se puede entregar la cruz o crucifijo como señal
de que el cristiano es portador de Jesucristo y que ha de anunciarlo
y llevarlo a los demás.
7.
EL CATEQUISTA DE ADULTOS
7.1 Su necesidad e importancia
La comunicación de la fe tiene necesidad de
una mediación existencial y personal; ninguna forma de
catequesis se agota en los métodos, itinerarios, contenidos y
objetivos; en toda catequesis auténtica es imprescindible la
presencia del catequista.
En nuestros ambientes de tradición cristiana,
que están reclamando una Nueva Evangelización, la
persona del catequista de jóvenes y de adultos se hacen
imprescindibles para animar procesos de catequesis de iniciación.
'Hasta ahora generalmente al decir catequista pensábamos en
catequista de niños y adolescentes con esa delicada misión
de inculcar las primeras nociones de catequesis y preparar para los
sacramentos de Reconciliación, Primera Comunión, y a
veces de la Confirmación (Cfr CT 66 a). Ahora estamos
asistiendo a un cambio, aunque lento, quizá irreversible de la
figura del catequista de adultos. La importancia y la necesidad de
este catequista queda atestiguada por la necesidad de un animador en
toda acción educativa.
En la catequesis la Iglesia entrega el evangelio que
se hace mensaje de vida en el pueblo de Dios por medio de la mente,
del corazón, de la palabra y vida de fe del catequista. Aunque
hay que reconocer que Dios "es el primer y gran educador de su
pueblo" (ChL 61), sin embargo, en el catequista la Iglesia ha
depositado la misión de transmitir la fe apostólica. El
catequista, en nombre de la Iglesia, es solo un mediador entre Dios y
los hombres, un servidor de la Palabra; el catequista, por muy
capacitado que esté, no proporciona la fe, ya que ésta
es un don gratuito de Dios al que el hombre responde con libertad.
7.2. Su misión: educador básico
integral
El catequista de adultos tiene su originalidad desde
el carácter propio de la catequesis; no es ni un misionero que
anuncia el kerigma, ni dirigente de un movimiento, ni profesor de
teología sino el creyente que acompaña la formación
básica integral en la fe; es el guía que introduce al
cristiano en el misterio de Cristo (Ef 3, 4), es un formador de base
que procura iniciar a los catequizandos en todos los aspectos de la
vi da cristiana (CF 3 1).
La fuente entonces de su originalidad está en
la misión recibida. Se podría decir que tiene una
relación pedagógica y al mismo tiempo fraterna con el
catequizando; el catequista es maestro y hermano; su misión no
es la única que influye en el catequizando porque hay otras
influencias educativas en el seno de la comunidad eclesial.
7.3. Su lugar: al servicio de un único
ministerio
La catequesis, en especial la de adultos, es una
acción que debe ser sostenida y respaldada por toda la
comunidad de los fieles, “El pueblo de Dios siempre debe
interesarse y mostrar que la iniciación de los adultos es cosa
suya" (RICA 41; Cfr. AG 14, CT 16). Aunque toda la comunidad es
responsable de la catequesis y todos sus miembros están
llamados a dar testimonio de la fe, no todos realizan la misión
de ser catequistas; hay un único ministerio catequístico
realizado por distintas personas y diversas responsabilidades: el
obispo, los presbiteros, los padres de familia, los religiosos y los
catequistas laicos.
De esta manera la catequesis de adultos es una
responsabilidad compartida; la realizan conjuntamente pero de manera
diferenciada. Aquí nos referimos principalmente a los
catequistas laicos, con su carácter secular que les es propio,
dentro de la común condición de vida en el mundo.
7.4 Su formación
La formación del catequista es un punto
medular de los procesos catequísticos. La formación del
catequista nace de la convicción de que: "cualquier
actividad pastoral que no cuenta para su realización con
personas verdaderamente formadas y preparadas pone en peligro su
calidad. Los instrumentos de trabajo no pueden ser verdaderamente
eficaces si no son utilizados por catequistas bien formados. Por
tanto la adecuada formación de los catequistas no puede ser
descuidada a favor de la renovación de los textos y de una
mejor organización de la catequesis" (DGC 234 no, 72).
Capacitar para transmitir el Evangelio a nombre de
la Iglesia. El objetivo de la formación de los catequistas
tendrá que ir en una perspectiva cristo céntrica y
según la orientación del catecumenado bautismal: Lograr
que el catequista pueda animar eficazmente un itinerario catequístico
en el que, mediante las necesarias etapas: anuncie a Jesucristo; dé
a conocer su vida, enmarcándola en el conjunto de la historia
de la salvación; explique su misterio de hijo de Dios, hecho
hombre por nosotros; y ayude finalmente, al catecúmeno o
catequizando a .identificarse con Jesucristo, en los sacramentos de
iniciación. 'La cima y el centro de la formación del
catequista es la aptitud y habilidad de comunicar el mensaje
evangélico" (DGC 235).
El papel de la comunidad en la formación del
catequista. Es en la comunidad cristiana donde el catequista
encuentra su propia vocación, allí gesta la conciencia
de ser llamado por Dios, se va fortaleciendo en su sentido apostólico
participando de un proceso catecumenal en comunión con otros
agentes y, desde la comunidad, es enviado.
Su formación es compromiso de toda la
comunidad cristiana y ha de expresarse en, desde y por la misma
comunidad. Esta debe ofrecer los espacios formativos, las personas
expertas, los recursos necesarios y los medios adecuados.
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